¡Recupérate pronto amigo!

Como cualquier otro jueves, algunos de mis compañeros y yo, salíamos de la universidad para dirigirnos al campo de fútbol y disfrutar de uno de nuestros partidos para celebrar el fin de nuestra jornada lectiva. Pese a que la mañana se había desarrollado entre nubes y claros, a la salida el sol se alzaba disipando cualquier cuerpo que pudiera interponerse entre su luz y nosotros. Esto corroboraba mi mágica teoría de que el día previo a nuestro descanso semanal tiene que hacer siempre un tiempo fantástico.

Sin embargo, al llegar al lugar donde disputaríamos el partido, un gran mar de nubes se cernió sobre el campo, amenazando con unas finas gotas de agua. La mayoría no le dio importancia al tan repentino fenómeno atmosférico que había oscurecido el verde, eso o no querían aparentar que les había sorprendido. Al contrario que los demás, yo me encontraba mirando al cielo gris, preguntándome cómo en cuestión de segundos esos cuerpos grises habían conquistado el azul.

Desde mi posición de portero era natural quedarse absortó con cualquier elemento que ocurriera. ¡Javi delante!, ese gritó me despertó de mi estado filosófico y me hizo levantar la cabeza para encontrarme frente a frente con mi amigo Jorge, quien tenía como único objetivo en su mirada clavar el balón en el fondo de la escuadra. Decidido, salí a su encuentro, y lo único que recuerdo es el instante fugaz en el que el pie de mi compañero resbalaba, desequilibrado por la presión del defensa, al pisar el balón y caía sobre sus cuartos traseros.

Mi compañero quedó tendido en el suelo, quejándose de la muñeca derecha, respaldado por los comentarios de ánimo, que solo había sido el golpe, que no era gran cosa. A estas alturas yo pensaba que estaba haciendo el gran papel de su vida, pues a mi parecer, si hay algo que caracteriza a los jugadores de fútbol, es su gen teatral. Pero me equivocaba, mi compañero salió del campo camino de urgencias, donde para mi sorpresa le diagnosticaron una doble fractura de radio y escafoides.

A mi amigo le esperan unas seis semanas muy duras en las que deberá valerse solo de su mano izquierda. Seis semanas tomando apuntes tecleando solo con una mano, seis semanas de exámenes que serán redactados con una caligrafía que parecerá salida de preescolar. Pese a todo esto, sé que mi compañero no es de los que se rinden fácilmente, y encontrará la forma de sobrepasar este obstáculo. Desde aquí, le mandamos una feliz recuperación y que se mantenga con esa voluntad de hierro que tanto le caracteriza. ¡Mucho ánimo amigo!

Javier Estupiñán Casimiro, Estudiante del Doble Grado de Periodismo y Comunicación Audiovisual.

Para Jorge García Peña.

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