Feminismo en la época victoriana

Carla Torres y Andrés Cuyás. Estudiantes Doble Grado en Comunicación Audiovisual y Periodismo.

Cuando hablamos de feminismo en fundamental hablar de la figura de Harriet Taylor que luchó bajo el nombre de su marido Stuart Mill por la igualdad entre hombres y mujeres. Esta autora justificaba el silencio de la mujer como producto de su crianza de mansedumbre, humildad y servicio al hombre y sostenía que el mayor problema de la sociedad era el de no aceptar la comunicación e igualdad entre hombres y mujeres. Lo que se ve plasmado en su trabajo principal “The Enfranchisement of Women”.
Durante la época victoriana, con la llegada de la industria, la mujer participaba activamente en el mundo laboral, aunque su salario también era más bajo que el de los hombres.
El trabajo de la mujer se limitaba a la industria y se centraba en el mantenimiento de las clases medias y altas victorianas, ya que muchas de ellas trabajaban en el servicio doméstico, durante largas jornadas de trabajo recibiendo un sueldo ínfimo. Debían ocuparse de sus familias y de luchar contra las condiciones de pobreza e insalubridad en las que vivían en los barrios.

Annie Kenney, sufragista británica, y Christabel Pankhurst.

Fue a finales del siglo XIX cuando muchas mujeres exigieron una participación más visible en el mundo político. En 1848 tuvo lugar la fundación de sufragio con la Declaración de Sentimientos de Seneca Fallsen en Estados Unidos. Con esta declaración, firmada por sesenta y ocho mujeres y treinta y dos hombres, se estudió las condiciones y derechos sociales, civiles y religiosos de mujer. Según Carmen de la Guardia, profesora de Historia en la UAM, “se reunieron por primera vez las pioneras feministas y redactaron un manifiesto que imitaba y corregía la Declaración de Independencia de Estados Unidos. En él sustituyeron las palabras “Reino Unido” por “varones” y “colonias americanas” por “mujeres”. Culpaban a los varones por la situación indigna que la historia les había deparado, y en su manifiesto exigían derechos civiles, aquellos que les permitieran apropiarse de su destino.” Nacía así el sufragismo, “movimiento organizado de mujeres que deciden reunirse cada año y comienzan a hablar no solo de derechos civiles, sino también de derechos políticos, de la capacidad de elegir y de ser elegidas”.
Este movimiento terminó en 1948 con la Declaración Universal de los Derechos Humanos. En la que se reconoció el sufragio femenino como derecho humano universal, declarando que “toda persona tiene derecho a participar en el gobierno de su país, directamente o por medio de representantes libremente escogidos”.

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