Pasen y vean

Pedro Manuel Santana Cabrera (@pedrosc01), alumno del Doble Grado en Comunicación Audiovisual y Periodismo.

Puede que no se hayan enterado, pero si tenían pensado hacer algo el próximo 10 de Noviembre, pueden ir aplazándolo, o no. Todo ello dependerá de una decisión, una que ya ha tomado 4 veces en estos 4 años, no, no es apuntarse al gimnasio un lunes… Hablo de votar. ¿Votar el qué? y ¿Votar a quién? Pues a los de siempre, puede que cambie el color, incluso la dirección, pero son los mismos.
No se lie, al fin y al cabo, seguramente no será su primera vez, incluso podemos decir, que somos expertos en votar.

Qué país más interesante el nuestro, ¿verdad? Año 1951, plena dictadura del General Franco, nadie, nadie se podía plantear a quien debía votar, se les había arrebatado el poder de elegir quién querían que los representara, un líder se había impuesto, algo que se prolongó hasta el 15 de junio de 1977, entonces todo cambió. Las elecciones vuelven a nuestro país, la España demócrata vuelve del exilio, y llega para quedarse. Año 2019, tan sólo 42 años después, podemos denominarla como una democracia“joven”. Sorprende que en solo 42 años hemos pasado, del no votar nunca, a cogerle “gustillo” a esto de acudir a las urnas. En un auténtico panel de “piscolabis” se han convertido las cabinas electorales, si esa estantería gris con una cortinilla revenida por la que se te ven los piececillos, todo nuevas tecnologías, en ellas hay de todos los colores, hasta 5 hemos visto, distintas ideologías, unas sobre otras sin espacio ni tiempo para verlas todas, y antes de salir, recuerda meter la sepia y sobre sepia, la blanca en sobre blanco… . Y ahora disponte a votar, ¿dónde?, te preguntarás confuso entre los votantes, pocos y cada vez menos, pero votantes, pues en las rudimentarias mesas, con sus rudimentarias listas por apellido y calle. Creo que lo más trágico es convocar elecciones cada dos por tres, haciendo que este acto democrático de elección acabe perdiendo toda seriedad, que esto se quede en un ir y venir de votos que caen el balde, y es que toda esta situación mina toda confianza, o la poca que les quedaba, a los ciudadanos españoles.

En pocas palabras, el hemiciclo se engalana de circo visto que a la vista de una cuarta función, con unos actores que, tal vez con trajes nuevos y colores diferentes, van a dar nuevamente su bochornoso espectáculo, y con una entrada muy cara para un público ya cansado de tanta pirueta revenida. Es como un truco de magia, cuyas bromas atentan contra la sostenibilidad de un país. ¡Esto, ya no hace gracia a nadie!

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