La mudanza del nuevo

Pedro Manuel Santana Cabrera (@pedrosc01), alumno del Doble Grado en Periodismo y Comunicación Audiovisual.

Pedro Sánchez aprueba la exhumación del general Franco Del Valle de los Caídos”, “Las visitas al Valle aumentan y ya no hay fechas para casarse ante el generalísimo”, “La fundación Francisco Franco incrementa su número de socios”, esto solo son algunos de los titulares de la prensa nacional desde que el gobierno socialista tomara posesión de su cargo en Junio de 2018, hoy el titular cambia, hoy el dicho pasa al hecho. Desde esos inicios del joven Sánchez, numerosos ciudadanos cuyos familiares cayeron luchando contra el régimen franquista esperan el traslado del dictador en pro de restaurar la memoria histórica, quince meses de espera en los que la Falange aparenta haberse reencarnado en el pueblo español, y ante esta división civil se mantiene inerte y expectante el resto de la sociedad que ha tomado como estilo de vida aquella estrofa de Karina que decía “mirar hacia delante es vivir sin temor”. Pero… ¿es esto lo que necesita la memoria histórica? ¿ es esto lo que hará olvidar las 500.000 vidas perdidas en la guerra de españoles contra españoles o por lo contrario solo exaltará la sed de venganza de los bisnietos de unos y otros?

Estamos ante un claro caso de populismo desmedido en tiempo de inestabilidad política, donde cada voto cuenta, o al menos contaba. Es casi insultante que la primera medida expuesta por el gobierno de Sánchez fuese la exhumación del cuerpo ya consumido del dictador Franco, cuando claramente no es la inversión que hará limpieza sentimental a los descendientes de aquellos que cayeron ante el águila negra, no es restauración de la memoria histórica sacar y enviar de tour por España al que debe ser olvidado, dando pie con esto a la exaltación de aquello que ya habían callado, de aquellos adolescentes del siglo 21 que ni conocían a Franco, como dice Juan Chicharro Ortega, presidente de la Fundación Francisco Franco, y que ahora creen ser la viva imagen de la falange más activa.

Tal vez el gobierno socialista debió comenzar a trabajar en políticas sociales, en disminuir el paro, a mejorar la sanidad, en dar solución al desafío independentista, llevar ante la ley a los corruptos, poner fin a la violencia de género, o incluso a general diálogo y consenso en el congreso, en definitiva hacer una España nueva tal y como decidieron asumir con su moción de censura al presidente M. Rajoy, en vez de hacer demagogia barata tras las siglas de la Restauración de la memoria Histórica con la que ocultar su ineficacia en la gestión que estaban a punto de comenzar, si Sánchez y su elenco político hubiesen recordado a todos aquellos que realmente hicieron historia,
aquellos que la escribieron, la cantaron, la interpretaron, la redactaron, expusieron y criticaron, a todos aquellos que con las lanzas que atraviesan corazones abanderando la cultura, dieron nombre en todo el mundo a nuestro país, aquellos que no abandonaron, sino que fueron echados a punta de pistola de la tierra que les vio nacer, en definitiva traer a todos los que con su voz y pensamiento dijeron: ¡No al Régimen! Lo que daría vida a la memoria histórica en vez de dar protagonismo al quien envió al exilio, a la fosa común o a la cuneta a todo el que le plantó cara.
Es momento de que los españoles dejemos de caminar por el sendero que nos dibujan con dorada bisutería los políticos que ocupan el cuero resplandeciente de las sillas del congreso donde dedican su tiempo a hacer de la cámara que representa la democracia española un plató de “Sálvame Diario” donde todo vale y nada se hace. Y más aún ahora que nuestros ilustres representantes nos brindan nuevamente la oportunidad de dejarles un poco más claro con nuestro voto, que ya está bien de tanta estrella invitada, de tanto dedo acusador, de tanta miseria política de querer recibir y no dar, en otras palabras de tan poca dignidad política.
Me sumo a las palabras de Jorge Luis Borges “yo propondría que los políticos no fueran personajes públicos” y es que cada vez tienen más de personajes y menos de públicos, menos de trabajadores del pueblo, menos defensores de España, de su cultura y sus gentes. Es momento de apagar los focos y cámaras y de dar un paso hacia delante, pero dándole la mano a todos los que con tinta, pólvora o sangre hicieron que hoy, o mejor dicho en un mes, los biznietos de las víctimas y de los verdugos de la dictadura puedan decidir qué España quieren ver, y qué cara quiere que sea la representante de la cuadragésima etapa de la democracia que se mancha poco a poco de extremismo, populismo, división y decepción.